sábado, 13 de octubre de 2012

Mi clienta María

Hace unas pocas semanas entraron a la tienda una señora mayor (unos 60 años) acompañada por su hijo. Buscaban un portátil para ella.

Genial, me pareció. Últimamente estan dando varios cursos para mayores y son ya varios los que han venido para llevarse equipos y accesorios.

El caso de esta señora, doña María Ocaña Milla, era diferente. No estaba dando ningún curso, estaba aprendiendo sola con la ayuda de su hijo.

Y no sólo eso, no sólo estaba aprendiendo informática con más de seis décadas a sus espaldas, sino que apenas unos años atrás había aprendido a leer y escribir!

Pero tampoco es sólo eso. Es decir, es loable y envidiable que una señora aprenda a escribir a una edad en la que si lo hace es por puro gusto y no por necesidad. Mucho más de envidiar es ver como además sin miedo alguno se ha sentado delante de un ordenador y a aprendido a manejarlo.

Además de todo está terminando su tercer libro. Que se dice pronto. No quiero entrar en detalles sobre qué la movió a conseguir todo lo que está consiguiendo, el motivo es suyo personal, pero si puedo asegurar que no hay mejor causa para ello. En Hollywood se darían de hostias por conseguir una historia así.

El primer libro es autobiográfico, sobre las vivencias con un hijo que en paz descanse. El segundo es de recetas de las de toda la vida. Y el tercero pues no lo se, pero si puedo asegurar que me haré con él en cuanto lo tenga disponible.

 La sorpresa ha sido cuando esta mañana la veo entrar a la tienda a decirme que el equipo le iba genial, ya con eso me doy por satisfecho. Pero acto seguido ha sacado un ejemplar de su libro de recetas y me lo ha regalado, en agradecimiento. Un libro que, ya habéis leído, tiene merito no sólo por el contenido, si no por el mero hecho de existir.

Con un nudo en la garganta le he dado las gracias como buenamente he podido. Luego me he quedado mirando la tienda. Nota para mi: la próxima vez que me queje de que no puedo con algo, que cuesta mucho llevarlo adelante o me agobie de no poder sacar el trabajo, pinzaré mis genitales a la batería de un Hummeren marcha mientras me lastra calle arriba.

Este post va dedicado a María Ocaña con muchísimo cariño y deseándole lo mejor del mundo.

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